...¿En dónde fue que se metió esa doncella durante tantos años?Todos en el pueblo la habían buscado de manera incesante e incluso se aventuró más de uno a entrar en los recónditos escondrijos de su atribulada mente...
Ella era suave y gentil como la brisa de primavera y, aún así, tan fría como una luna hecha de cristal. Siempre fue condescendiente con los demás pero parecía neta formalidad ante su cargo; Una princesa no podía ser mala persona con nadie que se cobijara bajo su reino y, siguiendo aquella prioridad, fue que escogió ayudar a aquel pequeño animal herido, a ese lobo con la piel tan alba como la luna misma.
Para hacer el cuento corto, debo comentar que disfrutaba la muchacha de los paseos en las noches hasta perderse en los bosques a las afueras del reinado y allí fue que le encontró en un charco de sangre, casi agónico y con una flecha atravesando su terso pelaje de color nieve. Se acercó lentamente a mirarle creyéndole muerto ante un cazador pero se sorprendió de buen modo cuando el animal en su miedo y dolor intentó dar una feroz mordida a su mano izquierda. Adelantó de nueva cuenta la mano en dirección al animal tras haberla sacado con rapidez por el miedo causado de aquel ataque; Esta vez fue el resultado diferente y la chiquilla dio alcance a la flecha, jalándola sin miramientos y sin darle tampoco tiempo al lobo de defenderse de aquel implacable intento de cura, tan así fue que el animal tras un doloroso aullido cayó inconciente al piso, perdiendo la noción de si...
Al despertar el animal se vio a sí mismo vendado y bastante compuesto, también vió un plato de lindos adornos dorados con carne cruda y fresca así como un plato con agua que también destacaba por aquel brillo que cual sol le hacía aguzar sus ojos. Otra cosa que pudo ver en su estado casi letárgico fue a la muchacha que le miraba quedamente, apenas parpadeando y que ofreció una fría y ceremonial sonrisa cuando le vio ponerse de pies...
-Hola, señor lobo. Debo decirle que usted es un especimen afortunado... -Susurró tranquila en tanto se acercaba a él. El animal se limitó a gruñirle con cierto temor -Oh, no, no piense que le quiero dar muerte... Es otra cosa la que busco en usted, señor lobo -Su tono de voz se iba volviendo más meloso conforme avanzaba y una sonrisa casi lasciva se dibujo en sus finos labios...
Sin darle tiempo de respiros la chiquilla desenfundó una pequeña cuchilla plateada que hundió prolijamente en el pecho del animal. No tardó ni un segundo en destellar con fuerza un fulgor plateado que dibujo al animal en todo el cuarto y que, tras apagarse abruptamente, dejó ver a un muchacho de blancos cabellos que miraba algo confuso a la princesa y se dejó guiar por aquel aroma tan embelezante que sintió provenir de ella... Ese olor a deseo que muchas veces encontró en otras de su especie y que tan bien recibido era por él. Sonrió sin saber bien aún cómo hacerlo y se avalanzó sobre la muchacha que simplemente se dejó amar por aquella bestia, sintiendo como arañaba sus ropas con brutalidad casi asesina y como separó por instinto sus piernas, aprovechando su propia desnudez para poseerla y disfrutar de los manjares mundanos de aquel cuerpo de doncella que tan regaladamente se le había ofrecido.
Pasaron los meses y el lobo, que tras unos días volvió a su forma normal, escapó hacia los bosques al aburrirse del trato preferencial que tenía por sobre otros hombres en el reino y tampoco se vio detenido por la princesa, así que hizo de su huída algo rápido y certero. Otros meses más se dejaron caer sobre la doncella que ya tenía en su vientre un bulto considerable y por el cual se le consideró hereje y casi una abominación... Nadie sabía lo que tramaba la mujer y se le creyó además de bruja, lunática...
Así tras el tiempo justo, la mujer entró en labor de parto y ante las contracciones se adentró silenciosamente en el bosque, buscando a su amado lobo para que viera la prenda de su amor. Unas millas más allá se dejó caer cansina y apenas pudiendo soportar el dolor del parto, se recostó entre la grama suave y comenzó diligente el trabajo de traer al mundo a su cría, sintiendo como se le iba la vida en cada suspiro... Unas cuantas horas y escuchó a un lobo aullar a la lejanía y sintió como su corazón se agitaba completamente ante aquella "voz" familiar, mas no dejó su labor de parir hasta que escuchó llorar a la pequeña criatura... Más hermosa que todas era la pequeña infante que de sus entrañabas había escapado y ella misma envidió la belleza de su hija, empero no tuvo tiempo de disfrutarla pues el olor de la sangre había atraído a su amado que, habiéndola olvidado hace muchos meses, se lanzó al ataque de la pobre mujer haciéndose su comida a base de feroces mordizcos en su cuerpo, penetrando con aquellos colmillos su piel y carne blanda y blanquecina, dejándola a medio morir en un charco lleno de sangre y dejando a su cría recien nacida en la entrada del bosque, llena de sangre...
Y era ella suave y gentil como la brisa de primavera y tan fría como una luna hecha de cristal. Encontrada por unos cazadores que venían de sus labores justo a la entrada del reino... Más hermosa que todas y aún así silente y casi sin emociones... No tardaría mucho en entrar en gracia del rey y ser adoptada como la nueva princesa del reino solo para que todos en la comarca pudieran alardear de su belleza... Y ahí, cuando llegó a su nuevo cuarto vio una pequeña cuchilla plateada y al fin, por primera vez, una sonrisa se dibujó en sus labios... La suerte estaba echada para esta hija de la luna.


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