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domingo, 25 de enero de 2009

El requiem de la luna.



Esperó mil amaneceres encerrada en su torre, mirando a través de aquella pequeña ventana del cuarto más alto de todo su castillo, rodeada de las doncellas incandecentes que adornaban su pálido cuerpo con destellos residuales de luz... Quería ver a su amado sol así fuera una vez, la única vez necesaria para delatar a su amado la esencia del amor tan apasionado que él encendía en su frágil cuerpo...

Esperó todo el día a que la dejaran escapar de su encierro con el único anhelo de cruzar miradas con aquel hermoso sol, que probablemente ni siquiera sabía de su existencia... Mucho menos de su amor. Vio las horas pasar y a su astro caer por los cielos, de modo lento y tran gracioso que parecía un espectáculo digno del mejor teatro: Una puesta en escena magnífica.
Esperó mil crepúsculos por la llegada de su bien amado, adornándose ya con los últimos vestigios de sus alajas, iluminándose sus ropas cual doncella, tejièndose en su blanco tul las perlas de la noche, mismas que las estrellas habían puesto tan delicadamente... Al fin se abrió la puerta y ella corrió rauda y veloz por entre las montañas, saliendo por el extremo opuesto de la entrada celestial sólo para ver a su amado perderse en el mar...

Esperó mil noches por la llegada de su astro rey...
Le rezó a las estrellas porque la dejaran quedarse en vela un poco más... Sólo un poco más, tras el nuevo crepúsculo para ver si así podía admirar la belleza de su amado sol. Estuvo caminando lentamente entre aquel cielo nocturno, dejando que sus blancos adornos se esparcieran en todo esplendor y que sus damas de compañía admiraran la tristeza de su mirada.


Esperó y esperó toda una eternidad por un milagro y aún hoy se la ve correr desesperada tras aquel sol que apenas la ve corre con cierto miedo por esa belleza tan demencial que le acecha a cada segundo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me intriga la idea del amor como locura, como esa pasión sin límites que nos empuja más allá de las barreras de la razón... Sin embargo concibo cada amor como una forma distinta de la locura que siempre se esconde en nosotros.

Me encantó y quisiera poder leer mucho más muy pronto.

Saludos.