Apoyo.

lunes, 26 de enero de 2009

Entre el negro y el blanco.

Caminabas entre sombras, te eran placenteras
pero me has visto en ellas y te has asustado en tu interior.
Sabes bien quién soy, ni por un momento dudaste
y en cuanto me viste acercar gritaste a todo pulmón:
"Se acerca la muerte, se acerca mi verdugo"

Con una sonrisa descubrí mi rostro, me veo sólo como una mujer.
Entre miedo y sonrojos: "Eres bella", me hiciste saber
y con reverencia acepté el cumplido y te invité a comer.

Tenías miedo pero aceptaste, vi en tus ojos lujuría al rozarme...
¿Acaso ni en el final los humanos dejan sus sentimientos?
Me reí... Te avergonzaste y susurraste bien bajito: "Perdón, dama mía,
perdón señorita del final".

Terminamos de comer y entre mis pechos recostaste tu cabeza,
estabas más que satisfecho, lo sé con certeza.
Aún si tanto me temías, te dormiste... Incluso te pasaste, besándome
un sin fin de veces... Tras despertar me viste reposando a tu lado, envuelta en mi manta,
abrazada a ti, desnuda totalmente, pero cubierta por telas negras que ocultaron mi palidéz.

Se acercaba el momento, servía pronto tu fin y cuando el beso mío, aquel dulce y fatal iba a
llegar a tus labios, me detuviste, mas no por miedo; me dijiste: "Te amo" y besándome caíste
muerto al suelo, dejándome con algo en el pecho que jamás comprendí.


Almas errantes.


Pasan las horas... Las siento avanzar...
Estoy aquí esperándote ¿Cuándo vas a regresar?
Sé que hace poco nos separamos,
pero en mi mente tú eres lo único deseado.

Pasó la mañana; tú debite estar soñando...
Durmiendo mientras yo por ti despertaba,
descansando a la vez que yo iba mi cuerpo levantando...
Tic-tac hizo el reloj y, sin darme cuenta, eran las dos.

Pasó la tarde como cada día,
yo trabajando mientras me pregunto si bien estarás...
Aún ahora me cuestiono ¿Qué habrás hecho= ¿Me pensarás?

Y llega la preciada noche que hoy tiene pocas estrellas:
Se han perdido las más bellas porque tú no estás aquí.
Siento tu ausencia como un dolor en el pecho,
como una lanceta que dio contra mi cuerpo.

Cansada me recuesto, no te he vuelto a ver,
pero confío en que sea cierto, que me creas que te quiero
y en respuesta tú me quieras a mí.

Pero está bien.


Los grandes errores tienen grandes precios
tal como el puro amor encuentra refugio en un beso.
Yo encontraré donde guarecerme: En el olvido.

Amargo fue el néctar que bebí de mi rosa,
amargo y sombrío que ahora es lo que acosa.
Un alma en pena, una que es la mía
y dubita entre anhelos; camina entre penumbras.

Al cielo grito con todas mis fuerzas
más fuerte que un trueno al resonar en tormenta,
pero nadie oye a la princesa; ni siquiera su guerrero,
en armadura de plata, y ésto es debido a su inconsecuencia,
a sus faltas de niña mimada... a su actitud de damita malcriada.

No llega el caballero y pasan las horas.
No llega el caballero y me siento sola...
¿Qué te hice, gentil siervo mío?
¿Cómo fue que corrompí tu pureza y destruí tu corazón?
No respondas; lo imagino.
No me digas que fue mi infantilismo.

Joven chica sin corazón.
Soy la princesa sin alma, la que no tiene amor.
Joven caballero de alma resquebrajada,
perdona por su inmadurez a tu princesa, la condenada.
y si en tu corazón quedan restos de sentimientos,
ven a mi corriendo que con mi pena ganaré tu paz.

domingo, 25 de enero de 2009

El requiem de la luna.



Esperó mil amaneceres encerrada en su torre, mirando a través de aquella pequeña ventana del cuarto más alto de todo su castillo, rodeada de las doncellas incandecentes que adornaban su pálido cuerpo con destellos residuales de luz... Quería ver a su amado sol así fuera una vez, la única vez necesaria para delatar a su amado la esencia del amor tan apasionado que él encendía en su frágil cuerpo...

Esperó todo el día a que la dejaran escapar de su encierro con el único anhelo de cruzar miradas con aquel hermoso sol, que probablemente ni siquiera sabía de su existencia... Mucho menos de su amor. Vio las horas pasar y a su astro caer por los cielos, de modo lento y tran gracioso que parecía un espectáculo digno del mejor teatro: Una puesta en escena magnífica.
Esperó mil crepúsculos por la llegada de su bien amado, adornándose ya con los últimos vestigios de sus alajas, iluminándose sus ropas cual doncella, tejièndose en su blanco tul las perlas de la noche, mismas que las estrellas habían puesto tan delicadamente... Al fin se abrió la puerta y ella corrió rauda y veloz por entre las montañas, saliendo por el extremo opuesto de la entrada celestial sólo para ver a su amado perderse en el mar...

Esperó mil noches por la llegada de su astro rey...
Le rezó a las estrellas porque la dejaran quedarse en vela un poco más... Sólo un poco más, tras el nuevo crepúsculo para ver si así podía admirar la belleza de su amado sol. Estuvo caminando lentamente entre aquel cielo nocturno, dejando que sus blancos adornos se esparcieran en todo esplendor y que sus damas de compañía admiraran la tristeza de su mirada.


Esperó y esperó toda una eternidad por un milagro y aún hoy se la ve correr desesperada tras aquel sol que apenas la ve corre con cierto miedo por esa belleza tan demencial que le acecha a cada segundo...

viernes, 23 de enero de 2009

Romance de Invierno.

Y así la princesa escapó del castillo, corrió por el valle de lo desconocido...Nubes altas en el cielo, pronto empezó a llover...
"Las lágrimas del cielo, la lluvia del alma": dijo para sí y continuo su camino por el sendero del bosque al que se adentro rapidamente; Pronto los truenos empezaron a gritar en la noche... "Los lamentos de la tierra, los truenos del sollozo": murmuro ella, bajo...Le encantaba encontrar un sentido poético a todo ((Lo sé, es como yo - -)) Estaba llegando a destino, faltaba a lo sumo unos 5m cuando un rayo justo frente a sus ojos partió en dos uno de los árboles del bosque, ella quedó maravillada con la imagen del rayo impactando y se dijo tranquilamente: "Las venas del cielo"...
Llegó al prado, ese donde solían verse ella y su amado, pero él no estaba...Lo buscó freneticamente por el prado y de repente algo llamó su atención: Una mancha roja...era sangre! Siguió el rastro temiendo lo peor y allí lo vio, tirado en el piso desangrándose; Corrió la dama de blanco vestido al amado, se arrodilló a su lado y su vestido mancho de roja sangre que brotaba del pecho del joven: Una herida mortal se le había propinado y él por verla a ella no la había curado.
Yacía un amante moribundo y una princesa manchada en sangre...No hubieron palabras, sólo un beso en los labios, el más dulce que pudo haber entre amantes de cualquier parte, sellaron el llanto de la dama bajo la tierna lluvia; sellaron la agonía del "cavalier"...Murió el joven en medio del beso, una muerte perfecta sentía el con el beso mientras se apagó su vida...el beso más amargo para su doncella preciada...era el fin
Alzó ella su cuerpo pesadamente, miró su vestido en sangre marcado, y no en cualquier sangre sino en la de su amado...Se sentía muerta, desecha. Palideció y echo a correr sin medir lo que hacía: La sangre llevaba un aroma que atraía a las bestias...corrió sin cesar, pasó el prado y en el bosque, se topó con una jauría de lobos sedientos de sangre. Desgarraron su vestido, abrieron su carne, cada uno tomó su parte del festín...un cuerpo, de lo que alguna vez fue una hermosa princesa, yacía a medio comer en el piso, con una mirada talvez alegre en lo que quedaba de sus ojos...en aquella agonía ella al fin podría estar con su cavalier amado...dejó por ello en prenda al cielo su cuerpo destrozado.

Moon tear.

La princesa gritó con furia y fuerza a los siete mares, al cielo único del infinito, a cada estrella viva o muerta a la distancia, a la luna y a su propio pecho que arrancara el dolor que la estaba consumiendo, que alguien matara a ese dragón de fuego que hervía su sangre y reventaba dolorosamente sus venas con cada día.

Uno, dos, tres días esperó la princesa cuya piel era blanca como el mármol dándole una apariencia casi de ultratumba, una hermosa muerta en vida, una flor arrancada del piso por un caprichoso niño que jugó a ser Dios cortando su vida justo cuando ella florecía a los ojos del mundo. Tras aquellos días llenos de dolor en que la angustia era como una pus saliendo de su alma, infectándola y manchando todo aquello que era sagrado en ella; borrando su belleza de juventud y robando el brillo de aquellos esplendorosos ojos color esperanza, color que ahora era nada más que un reflejo de un pantano perdido y lleno de bestias sedientas de sangre... La chica, aquella hermosa dama se vio envuelta en su propio dolor e ira y tomo, entre aquellas hermosas manos que alguna vez sostuvieron las más hermosas rosas, una daga de plata justiciera que hiciera por ella lo que nadie se atrevió a hacer antes: Tocarla con suavidad consoladora.

Un atisbo de la luz de luna se asomó a la chica que hundía aquel filo plateado contra su pecho, rompiendo las finas ropas de seda que cubrían aquel inmaculado cuerpo y destrozando éste también con su delicadeza y hermosura. La sangre, aquel vitae manó con fuerza por la herida cuando ella retiro el filo, salpicando las blancas sábanas donde la chica yació tantas veces, ardiendo ante la esperanza de ser rescatada, fue así como el suave rocío rojo resbaló por sus pequeños y hermosos pechos a su vientre y luego a su puro ser, por sus piernas, escurría casi devorando a la que hubiera sido una hermosa dama, dejándola a medio morir y sólo con el tiempo necesario para que ella mirara una vez más a su amada compañera, la luna, que eternas noches le amó con devoción infantil sólo por su belleza y que ahora la vio partir en la más lenta de las agonías: La agonía de creer en sueños de alas grandes que le llevaban volando ahora hacia el infierno.