Allí entre sombras yacía la pobre chiquilla, admirando espectante por la ventana de su habitación.
Ya la vida no la acompañaba como antes, era ya un soplo demasiado leve el que le quedaba para dedicarse a tales lujos, pero era por el mismo poco tiempo del que disponía que se atrevía a desafiar su propia vida observando los jardines que a sus ojos se enseñaban, mofándose de la hermosura casi perfecta de cada flor y recordándole tristemente que su destino era igual al de aquellas sutiles rosas, tan hermoso que debe caer en la mortalidad más pronto que tarde.
Ya desde niña le habían explicado lo frágil que sería su organismo, lo delicado que sería su cuerpo y lo fácil que sería dañarse, ya que había sido bendecida con la belleza más perfecta sobre la tierra. Un precio justo, quizá, fue el de tan radiante espíritu que con una sonrisa hacía cantar al ruiseñor y con su llanto quebrar los corazones más fríos. Probablemente la cura final a los males de la humanidad, debió aún así verse confinada a la prisión de su cuarto, mirando por la ventana la vida esfumarse con ella por delante, teniendo como único contacto con las personas aquellas tantas visitas de quienes querían observar tan maginifente flor antes de ser arrebatada por la mano de Dios para formar parte del coro de sus ángeles, porque era además, esta radiante dama, tan pura como el cielo de verano y más dulce que el nectar de los dioses.
Aquella noche miraba la doncella las estrellas, fijamente, contemplando el cielo nocturno que la llenaba de una extraña sensación de quietud y, bien que le hacía la quietud, puesto que toda la tarde estuvo entre desconocidos que la miraban como si de un experimento se tratara su sublime hermosura, cansándola y hostigando su joven mente con preguntas tan vacías y sucias que perturbaban sus sentidos tan solo recordarlas la chica estaba más desganada de lo habitual... Tan cansada como si pétalo a pétalo hubiera el invierno recorrido sus entrañas, desgarrándola, congelándo su hermosa alma con envidia en un intento de poseerla... Sin más cayó su mano sobre su negro vestido, reposando aquella pálida extensión de su arca al haber el alma liberádose de tan formal atadura como lo fue la vida: El invierno se apoderó del envase pero Dios logró recuperar a su ángel ...
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2 comentarios:
Corto, conciso y con cierto matiz deprimente que es supremamente encantador.
Me fascinó... Si no es mucho pedir, ¿podría subir alguna otra cosa?...
Hasta luego...~
no soy bueno dando opiniones, tu me conoces. lo unico que puedo decir es que me hizo llorar, es lindo y triste y la verdad es profundo, sigue asi pero cuida to psyquis o_o no te quiero muerta xD
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