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jueves, 24 de julio de 2008

La entrega.

Siempre es conocida la entrega en todo el mundo, el suceso que representa dar a los demás.
"Siempre creí que saber entregar podría darme algo a cambio, o al menos devolverme la mano", susurró el joven al avanzar.

Su vida era rutinaria, es verídico, pero era en esa rutina de cada día que la emoción de muchos podría haber quebrantado sus cuerpos, porque el trabajo del joven era bastante pesado: Llevar las almas al infierno. Particularmente nunca se preocupó demasiado de quiénes debían acompañarle; les tomaba por pecadores a todos y con justa razón, pero tampoco se preocupó de porqué era él justamente el responsable de llevar tan sucias entes a las llamas de hielo y el aire demencial.

Algunas noches, pequeños recuerdos lo atormentaban entre sueño y sueño antes de tener que buscar un nuevo grupo de injustos. A veces sueños en colores, que le eran particularmente exquisitos ya que parecía ser muy feliz en ese tiempo... Otros, en cambio, totalmente grises y esos le causaban pena... El gris nunca había sido su color favorito. En fin, tampoco le dio importancia a aquellos recuerdos de su mente, puesto que él sabía lo engañosa que podría ser su propia existencia y que el laberinto había sido tan bien estructurado que por más que intentara no iba a poder dar con la solución.

Esa noche, en particular, vio el muchacho un alma distinta, una increíblemente blanca, que contra todo sentido, se encontraba esperando en silencio ser llevaba por esta parca. Acercóse el varón ante la que tomó forma de una dama y, en un tono más amable del común en él, le preguntó porqué estaba tan pura señorita en el portal del infierno. La chica, que era pequeña en edad física pero cuyos ojos parecían haber vivido incluso más siglos que el ángel encargado, le respondió que tuvo ella a su madre muy enferma y que murió joven y bella. Prosiguió explicando que tras el deceso de la honorable mujer su padre cayó en el vicio del licor y las prostitutas, descargando su ira contra Dios y contra los demás, habiendo incluso golpeado a algunas de aquellas mariposas nocturas que se posaban en su ventana para darle algo de placer a cambio de brillantes metales. Fue así que la chiquilla, sabiendo que tales actos sólo recaían en el infierno, hizo un trato con la muerte el día que fue por su progenitor: "Si tomas mi vida y la consumes en el inframundo, permite a mi padre vivir para remendar sus errores y tener la oportunidad de ir al cielo"... La muerte que es astuta y predijo la jugada, aceptó gustosa el tener un alma pura en el infierno, podría así ufanarse de un perfecto logro delante de otros espíritus de poca monta. Habiendo terminado la muchacha de explicarse pidió ser llevada a su nuevo hogar, y tras pasar por la puerta jamás se la vio regresar.

Acongojado por tal sacrificio, el ángel encargado bajó a la tierra exclusivamente para ver si el padre había comprendido las magnitudes de la muerte de su florecita, pero aún más marchito se sintió al percatarse de que el padre estaba en su cama con las manos ensangrentadas y que en el piso de aquel oscuro cuarto yacía una muchachita, probablemente igual de joven que su hija, tirada, sangrando en su labio y su nariz, que probablemente estaba rota tras la golpiza de aquel hombre mal encaminado... De pronto, algo nació en el ángel: Una pequeña chispa tan minúscula que apenas pudo verla antes de que ardiera en su corazón el deseo de aniquilar a ese hombre, el odio que se gestaba en los ramajes de su alma. Con sus propias manos le quitó el hálito de vida a ese padre tan violento, mirando como su piel pasaba de un rosa a un tono más pálido, sonriendo con malicia cuando el aire no escapó más de sus labios ya que las manos de aquel ser celestial se habían deslizado por su cuello como una boa en una presa, extrangulándole sin misericordia y enviando extrayendo al instante su alma. Apenas le tuvo emprendió marcha hacia el portal del infierno y cuando intentó lanzarlo, vio como además de aquel alma negra la propia comenzaba a ser consumida por aquel gran portal. El pánico se apoderó de él cuando una nueva sucesión de recuerdos le invadió: Con esas mismas manos de ángel fue él quien alguna vez dio vida a ese padre, tras lo cual se le quitó el cargo de ángel creador para hacerlo viajar por el infierno y la tierra... Un castigo justo para un ser que sólo sabía albergar en corazones ajenos su propio odio oculto...

1 comentario:

Pólux dijo...

Diré que nunca había leído algo remotamente parecido... Quedé impactado, no por su profundidad (Que, con respeto, considero al escrito algo "descuiado"... Creo que lo que intenta reflejar pudo haber sido abordado con más tesón) sino más bien por su originalidad, e innegablemente, por su parecido crónico con el devenir de muchísimas personas (Me incluyo) que he conocido en esta vida...

No diré más, prefiero pasar por idiota criticón que por filósofo o psicólogo...

Un gusto leerle... Hasta la próxima.