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domingo, 27 de julio de 2008

Caos dominical.

El silencio, la amargura. Un destello en el tiempo.

Hoy no pienso escribir coherencias ni cuentos, no pienso buscar rimas ni consonancias; si fuera una compocisión musical, seguramente sería horriblemente disonante y más de uno huiría para salvar su sentido del oído, pero ¿Desde cuándo está decidido qué es y qué no es disonante? Una patraña. A mi me gusta la disonancia, me causa una extraña sensación de placer oírla y realmente no me aproblema para nada componerla.

Si una niñita se perdiera en un bosque de sinfonías, ¿Podría encontrar su camino a tra vez de un vals? Lo dudo, realmente lo dudo... ¿Podría el ave cantora recitarle el camino en suaves notas para que la chiquilla no muriera de hambre en aquel mar de árboles tonales? Tal vez una escala cromática le dejara subir a la cima de uno y ver su casa, pero eso sería demasiada suerte y yo no creo en la suerte.

¿Es posible una armonía entre el eco del silencio, la soledad y la más triste pena de una flor?
¿Carece de sentido el buscar la belleza en algo tan "horrible" como una disonancia?
¿Quién y en qué punto decidio que las manecillas del reloj van a marchar al compás del requiem de la rosa?

Tal vez sea todo una simple elegía a la melancolía.


jueves, 24 de julio de 2008

La entrega.

Siempre es conocida la entrega en todo el mundo, el suceso que representa dar a los demás.
"Siempre creí que saber entregar podría darme algo a cambio, o al menos devolverme la mano", susurró el joven al avanzar.

Su vida era rutinaria, es verídico, pero era en esa rutina de cada día que la emoción de muchos podría haber quebrantado sus cuerpos, porque el trabajo del joven era bastante pesado: Llevar las almas al infierno. Particularmente nunca se preocupó demasiado de quiénes debían acompañarle; les tomaba por pecadores a todos y con justa razón, pero tampoco se preocupó de porqué era él justamente el responsable de llevar tan sucias entes a las llamas de hielo y el aire demencial.

Algunas noches, pequeños recuerdos lo atormentaban entre sueño y sueño antes de tener que buscar un nuevo grupo de injustos. A veces sueños en colores, que le eran particularmente exquisitos ya que parecía ser muy feliz en ese tiempo... Otros, en cambio, totalmente grises y esos le causaban pena... El gris nunca había sido su color favorito. En fin, tampoco le dio importancia a aquellos recuerdos de su mente, puesto que él sabía lo engañosa que podría ser su propia existencia y que el laberinto había sido tan bien estructurado que por más que intentara no iba a poder dar con la solución.

Esa noche, en particular, vio el muchacho un alma distinta, una increíblemente blanca, que contra todo sentido, se encontraba esperando en silencio ser llevaba por esta parca. Acercóse el varón ante la que tomó forma de una dama y, en un tono más amable del común en él, le preguntó porqué estaba tan pura señorita en el portal del infierno. La chica, que era pequeña en edad física pero cuyos ojos parecían haber vivido incluso más siglos que el ángel encargado, le respondió que tuvo ella a su madre muy enferma y que murió joven y bella. Prosiguió explicando que tras el deceso de la honorable mujer su padre cayó en el vicio del licor y las prostitutas, descargando su ira contra Dios y contra los demás, habiendo incluso golpeado a algunas de aquellas mariposas nocturas que se posaban en su ventana para darle algo de placer a cambio de brillantes metales. Fue así que la chiquilla, sabiendo que tales actos sólo recaían en el infierno, hizo un trato con la muerte el día que fue por su progenitor: "Si tomas mi vida y la consumes en el inframundo, permite a mi padre vivir para remendar sus errores y tener la oportunidad de ir al cielo"... La muerte que es astuta y predijo la jugada, aceptó gustosa el tener un alma pura en el infierno, podría así ufanarse de un perfecto logro delante de otros espíritus de poca monta. Habiendo terminado la muchacha de explicarse pidió ser llevada a su nuevo hogar, y tras pasar por la puerta jamás se la vio regresar.

Acongojado por tal sacrificio, el ángel encargado bajó a la tierra exclusivamente para ver si el padre había comprendido las magnitudes de la muerte de su florecita, pero aún más marchito se sintió al percatarse de que el padre estaba en su cama con las manos ensangrentadas y que en el piso de aquel oscuro cuarto yacía una muchachita, probablemente igual de joven que su hija, tirada, sangrando en su labio y su nariz, que probablemente estaba rota tras la golpiza de aquel hombre mal encaminado... De pronto, algo nació en el ángel: Una pequeña chispa tan minúscula que apenas pudo verla antes de que ardiera en su corazón el deseo de aniquilar a ese hombre, el odio que se gestaba en los ramajes de su alma. Con sus propias manos le quitó el hálito de vida a ese padre tan violento, mirando como su piel pasaba de un rosa a un tono más pálido, sonriendo con malicia cuando el aire no escapó más de sus labios ya que las manos de aquel ser celestial se habían deslizado por su cuello como una boa en una presa, extrangulándole sin misericordia y enviando extrayendo al instante su alma. Apenas le tuvo emprendió marcha hacia el portal del infierno y cuando intentó lanzarlo, vio como además de aquel alma negra la propia comenzaba a ser consumida por aquel gran portal. El pánico se apoderó de él cuando una nueva sucesión de recuerdos le invadió: Con esas mismas manos de ángel fue él quien alguna vez dio vida a ese padre, tras lo cual se le quitó el cargo de ángel creador para hacerlo viajar por el infierno y la tierra... Un castigo justo para un ser que sólo sabía albergar en corazones ajenos su propio odio oculto...

miércoles, 16 de julio de 2008

La princesa de la noche.

Allí entre sombras yacía la pobre chiquilla, admirando espectante por la ventana de su habitación.
Ya la vida no la acompañaba como antes, era ya un soplo demasiado leve el que le quedaba para dedicarse a tales lujos, pero era por el mismo poco tiempo del que disponía que se atrevía a desafiar su propia vida observando los jardines que a sus ojos se enseñaban, mofándose de la hermosura casi perfecta de cada flor y recordándole tristemente que su destino era igual al de aquellas sutiles rosas, tan hermoso que debe caer en la mortalidad más pronto que tarde.

Ya desde niña le habían explicado lo frágil que sería su organismo, lo delicado que sería su cuerpo y lo fácil que sería dañarse, ya que había sido bendecida con la belleza más perfecta sobre la tierra. Un precio justo, quizá, fue el de tan radiante espíritu que con una sonrisa hacía cantar al ruiseñor y con su llanto quebrar los corazones más fríos. Probablemente la cura final a los males de la humanidad, debió aún así verse confinada a la prisión de su cuarto, mirando por la ventana la vida esfumarse con ella por delante, teniendo como único contacto con las personas aquellas tantas visitas de quienes querían observar tan maginifente flor antes de ser arrebatada por la mano de Dios para formar parte del coro de sus ángeles, porque era además, esta radiante dama, tan pura como el cielo de verano y más dulce que el nectar de los dioses.

Aquella noche miraba la doncella las estrellas, fijamente, contemplando el cielo nocturno que la llenaba de una extraña sensación de quietud y, bien que le hacía la quietud, puesto que toda la tarde estuvo entre desconocidos que la miraban como si de un experimento se tratara su sublime hermosura, cansándola y hostigando su joven mente con preguntas tan vacías y sucias que perturbaban sus sentidos tan solo recordarlas la chica estaba más desganada de lo habitual... Tan cansada como si pétalo a pétalo hubiera el invierno recorrido sus entrañas, desgarrándola, congelándo su hermosa alma con envidia en un intento de poseerla... Sin más cayó su mano sobre su negro vestido, reposando aquella pálida extensión de su arca al haber el alma liberádose de tan formal atadura como lo fue la vida: El invierno se apoderó del envase pero Dios logró recuperar a su ángel ...