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viernes, 28 de diciembre de 2012

El guerrero.

En tanto la dama mercenaria había iniciado su recorrido en busca del tesoro de aquel conde en algún otro lugar no muy lejano un caballero de cabellos azul cual mar estaba reclinado contra un árbol.... Su mirada estaba cerrada al espectador y la brisa jugaba gentilmente con las finas hebras haciéndolas relucir ante el brillo de la luna... Así, recostado como estaba dejaba en la grama fresca descansar sus pertenencias entre las que se contaban una espada y un escudo y, entre finas sedas de color blanco, algo que apenas se vislumbraba: Una pequeña mano de porcelana.


Habiendo sido un errante durante años aquel joven guerrero la había encontrado triste y abandonada en uno de los tantos campos de batalla donde se involucró; la pena que le dio ver a esa pequeña criatura bañada en sangre le causo una especie de empatía casi como la de un padre al ver caer a su hijo en tanto aprende a caminar. La tomó con delicadeza y limpió con sus propias ropas el rostro de aquella damisela solo para ver lo hermosa que era esta... lo hermosa y triste que estaba. Intentó sonreirle pese a lo estúpido que eso pudiera verse, intentó sacar de ella un poco de ese dolor empero la vio palidecer una poca más. Desde ese día se prometió hacerla feliz y la llevo cual amuleto en cada batalla que tuvo, siempre saliendo victorioso como si la pequeña criatura le cuidara con devoción de una amiga y confidente a su hermano, a su padre, a su amigo.

Esa relación era todo y nada... Si bien ambos desarrollaron un profundo amor el uno por el otro jamás excedió la barrera que les permitiera decirse amantes, pues en ambos corazones había una persona en la cual ya habían dejado descansar aquellos sentimientos: Para él una hermosa concubina a la que tuvo que abandonar solo por la amenaza de la dueña de aquella casa de lujuria quien se había empecinado en conservar a su más preciosa gema incluso si eso le costara la vida de la pobre muchacha...Muchas noches él la recordaba con dolor pues tuvo que mentirle a quien era el amor de su vida solo por salvaguardarla de las perversiones que ni siquiera ella conocía... Le partió el corazón y de paso arrancó el propio; en tanto, de la pequeña era aún más triste, pues sabía que su amor jamás había sido realmente correspondido y que el conde la había conservado allí, inherte como un objeto de decoración en tanto se deshacía con otras mujeres... Ella sabía que a pesar de todo lo que él le había dicho las señales habían sido siempre claras y que tras invocar aquel conjuro que la dejó hablar el aspecto propio decayó al punto que al vampiro no le dio ni un ápice de lástima el dejarla tirada en aquel estante para buscar carnes nuevas...


Así, ambos juntos... En ese amor que lo era todo y nada se hacían compañía, compartían su dolor y la poca felicidad que ese mundo de miseria les regalaba... Aún si eran apenas pequeños trozos de pan que no daban para saciar su hambre, les recordarían al menos que existía la posibilidad de algo más que tormento en sus corazones... Un poco menos de soledad en ese mundo donde habían nacido solos y probablemente así llegarían a su fin...

martes, 25 de diciembre de 2012

La mercenaria.


Desde las sombras más oscuras se abría paso con su fiel daga... La luna reflejaba en aquel filo la sangre de los demonios que a su paso habían caido. ¿Quién era ese angelical ser? ¿Quién se batía a lo más denso de las tinieblas en busca de aquella luz nocturna?

De plata su filo y sus ropas albas como la nieve. Su piel toda una obra de arte con su tono blanco y esos pequeños dos rubores que la hacían parecer una muñeca, en sus ojos dos hermosas amalganas de color azul fiero con un brillo casi espectral y en su fina figura un par de pequeños pechos resaltaban desde la pechera de sus ropajes. Se decía de ella que alguna vez fue una hermosa dama de companía; un sueño etereo para los guerreros que cansados buscaban reposar su cabeza entre sus pechos pero ahora no era nada más que una mercenaria sin dignidad ni orgullo... Sin respeto ni amor.
Antaño se conoció en ella otra persona, muy distante a quien ahora era. Se decía que cayó presa de un mal amor y que con ello ganó la vergüenza de las cortesanas y la burla de los feudos de la época... Una cortesana de su especie enamorada era casi una blasfemia para la sociedad y, aún sabien aquello, ella se arriesgo en todo lanzándose a los brazos de quien solo vio en ella otro de sus tantos pasatiempos... Pero esos, mis queridos, eran otros tiempos y ahora la doncella buscaba casi a ciegas un objetivo mayor, puro y casi martírico: Una muñeca de porcelana. Se le había contratado ya hacía dos meses para una empresa muy poco común, como ella misma pensó cuando se encontró con aquel gallardo señor nocturno cuyos orbes rojizos eran tan penetrantes como los de la mísmisima muerte y aún así tan melancólicos como los de un viejo enamorado.

Dos meses hacía ya desde el inicio de esta búsqueda y nada más que falsas caretas había podido toparse la mercenaria. Por raro que pareciera, el precio de esta famosa muñeca era caro pues en más de una ocasión se batió a duelo con otros mercenarios como ella; otros hombres sin sueños ni esperanzas que se lanzaban a la muerte por unas cuantas monedas de plata, las suficientes para un poco de absenta o acónito y así alivianar su dolor mundano... Mismo dolor que ella compartía en silencio y que le causaba una tristeza vaga cuando su pequeño sable refulgía bañado en sangre al salir de los pechos de sus enemigos...

"¿Quién creo a esta muñeca?, ¿Cuál es la fascinación de todos con un ente inherte?" Eran preguntas que rondaban su cabeza todas las noches pero eso era lo de menos... Lo único importante era que si encontraba a la perdida princesa quizas podría iluminar un poco esos tristes ojos de amante herido en el alma... Esos mismos ojos que ella veía cada atardecer en su reflejo en aquel pequeño espejo que su amado le regaló como promesa de un tiempo mejor...